Las mujeres, desde Safo hasta nuestros días, pasando por el Barroco y por el siglo XIX -épocas de oro en la literatura-, hemos sido sujetos de creación literaria desarrollando una vasta y cualificada producción. A pesar de ello, son escasos los nombres de mujeres que han pasado a la Historia de la Literatura y, en la actualidad, una obra firmada por una mujer es considerada de segunda categoría. Este fenómeno es común a escala mundial, hasta el punto de que en lengua inglesa, las producciones literarias o cinematográficas de mujeres son nombradas con el despectivo apelativo de “ Chick-lit" y "Chick-flicks".
Otro reflejo de esta situación lo encontramos cuando, por ejemplo, analizamos libros de texto de la asignatura de Literatura de cualquier nivel de enseñanza (incluida la universitaria), donde observamos que la referencia de las mujeres escritoras no sólo son escasas y poco representativas, ocupando unas líneas residuales, sino que, salvo raras excepciones, el marco de producción de cada autora nunca está exento de referencias relativas a su vida personal y a su vinculación afectiva con algún autor varón de reconocido prestigio, dándose la circunstancia de que este tipo de referencias personales afectivas, raras veces se producen cuando el sujeto literario objeto de estudio es un varón.
Esta situación, no sólo se constata en los libros de texto, sino que es un lugar común en la crítica literaria actual que, cuando analiza una obra, la acompaña habitualmente con referencias “estéticas” de la autora, tanto en lo que se refiere a sus atributos físicos, como a sus gustos, elegancia, etc., no encontrando un correlato, en este sentido, en los autores varones. Esta situación de desigualdad en el trato de la creación literaria de mujeres y de sus autoras, tiene su reflejo en todos los ámbitos y sectores relacionados con la literatura, en todos sus estilos (narrativa, poesía, teatro, guiones, traducción literaria, ...), en todos sus soportes (bibliográficos, teatrales, cinematográficos, audiovisuales, ...) y en todos los espacios: productivos, editoriales, docentes, críticos, publicitarios, comerciales, produciéndose una desigualdad, tanto en el trato como en las oportunidades, que se evidencia en lo que suele ser un paso “efímero” de las mujeres en el reconocimiento de su creatividad y arte, lo que supone una pérdida no sólo para las afectadas sino para el conjunto de la ciudadanía, privada del conocimiento, aprendizaje del conocimiento y del disfrute de la experiencia estética, creativa, ética y existencial que aporta la mitad de la población. Pérdida que, además, potencia y perpetua la reproducción de los estereotipos sexistas en toda su magnitud y con todas sus consecuencias.
Así las cosas, es necesario no sólo tener una información descriptiva de las diferentes condiciones de desigualdad que se producen, sino también analizar las diferentes situaciones, conocer las causas, identificar los obstáculos y articular alternativas para superarlos donde quiera y como quiera que se manifiesten.
Ana Rossetti
Coordinadora temática Congreso Mujeres en el ámbito literario

