MANIFIESTO Día Internacional de las Personas con Discapacidad. GRUPO DE TRABAJO SOBRE DISCAPACIDAD DE LA FUNDACIÓN ISONOMIA Castelló de la Plana, 3 de diciembre de 2019

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Día Internacional de las Personas con Discapacidad
GRUPO DE TRABAJO SOBRE DISCAPACIDAD DE LA FUNDACIÓN ISONOMIA
Castelló de la Plana, 3 de diciembre de 2019

Desde el Grupo de Trabajo sobre Discapacidad de la Fundación Isonomia, como cada año, para conmemorar el Día Internacional de las Personas con Discapacidad hacemos público un manifiesto con el objetivo principal de recordar que las mujeres y hombres con diversidad funcional tienen los mismos derechos y obligaciones que el resto de ciudadanía. Y para que puedan ejercerlos de manera real y efectiva, las administraciones y estamentos pertinentes tienen que velar para que tengan las mismas oportunidades, por lo que es necesario que cumplan -y hagan cumplir- toda la legislación vigente, que en todos los casos tiene que tener en cuenta las recomendaciones y directrices de la Convención Internacional sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad que fue aprobada, así como su Protocolo facultativo, por Naciones Unidas el 13 de diciembre de 2006.

En la mencionada convención hay muchos artículos que promueven el respeto y la protección de la dignidad inherente de las personas con discapacidad, que deben implementar sin pausa y de manera contundente para detener el aumento muy preocupante de los casos de discafobia, definida como la aversión obsesiva contra personas con diversidad funcional o en situación de dependencia, lo que conduce a adoptar o consentir conductas de rechazo, discriminación e invisibilización de las personas con otras capacidades.

Desde hace unos años, los casos de discafobia en espacios públicos –que a menudo se manifiestan en algún tipo de agresión– son cada vez más frecuentes. Por desgracia, parece que ganan terreno las ideas intolerantes hacia la diversidad humana en todos los ámbitos. Y esto tendría que causar alarma, porque a menudo son síntomas que señalan que algo no se está haciendo bien. Tal y como se refleja en el informe correspondiente a 2018 «España: derechos humanos y discapacidad», presentado por el Comité Español de Representantes de Personas con Discapacidad (CERMI), durante el mencionado año se documentaron 22 casos de palizas, vejaciones y agresiones y abusos sexuales contra personas con discapacidad. Pero la discafobia no se manifiesta solo en actos de violencia física, sino que también es discafobia vetarle la entrada a un local de ocio a un grupo de personas con discapacidad intelectual; acusar a Stephen Hawking, el físico teórico británico, de haber perdido el uso de la razón por estar afectado de ELA cuando aseguró que se podría probar que Dios no existía; o querer quitarle credibilidad al llamamiento a la lucha contra el cambio climático de Greta Thunberg, aduciendo que quizás su capacidad de razonar está afectada por el síndrome de Asperger que tiene diagnosticado.

Quizá, como escribía Víctor Villar Epifanio en un artículo publicado en Diario 16, «nos encontramos ante un tipo de discafobia dirigida no ya contra quien es una carga y estorba, sino contra quien teniendo que serlo, (según el rol que se le presupone), no solo sobresale de la media, sino que lo hace desde postulados progresistas que cuestionan el neoliberalismo o estamentos como la Iglesia y las creencias que la sustentan. De esta forma, a medida que el discurso paternalista del “tonto del pueblo”, “el cojito”, o “la cieguecita”, empieza a perder sentido ante personas de más valía que la media, aparece el discurso del odio y los falsos “privilegios”. Ya ocurrió esto en otros colectivos como el caso de la caballerosidad machista que se ha transformado en el “eres una feminazi”, o en el caso del “ayudamos a los negritos del África tropical”, convertido en el “construiremos un muro de hormigón armado”». Y es que, como afirma Villar Epifanio, «cuando el paternalismo no funciona, surge el odio latente». Los colectivos que levantan sus voces para reivindicar y exigir sus derechos, rechazando ser objeto de caridad por parte de quien los ve como inferiores, pierden las simpatías y pasan a calificarse de peligrosos y no gratos. Si a esta circunstancia le adjuntamos el discurso populista de la ultraderecha, proponiendo medidas que van contra la más mínima corrección política, el resultado previsible es que las agresiones físicas y verbales a las personas con discapacidad continúan aumentando.

Es evidente que algo no se está haciendo bien y que la formación es un pilar fundamental para la educación de las personas. Entonces, si en las aulas no se implementa la educación inclusiva ya se está creando una segregación y favoreciendo la discafobia. El alumnado que comparte clases y patio con compañeras y compañeros con algún tipo de discapacidad crecerá valorando la diversidad funcional como un factor enriquecedor, dándose cuenta de que la diferencia no es negativa si todas y todos disfrutamos de las mismas oportunidades, reales y efectivas, en todos los ámbitos. Y para que la educación inclusiva sea una realidad son necesarios recursos humanos y tecnológicos en todos los centros escolares para que sirvan de apoyo al estudiantado que manifiesta unas necesidades especiales, responsabilidad que recae en las administraciones pertinentes que tienen que dejar de promover la «integración» en un sistema educativo paralelo y apostar por la inclusión en un único sistema educativo, que debe incluir a todos los alumnos y todas las alumnas adaptándose a las necesidades de cada persona.

Así mismo, la educación inclusiva y coeducativa también representa un factor positivo para prevenir cualquier tipo de violencia de la que son víctimas hombres y mujeres en situación de dependencia –en la mayoría de los casos, unas violencias invisibilizadas en ámbitos privados– y, sobre todo, la violencia machista sufrida por las mujeres con discapacidad que nos tendría que alarmar a toda la sociedad. Según la información proporcionada por Ana Peláez, miembro del Comité por la Eliminación de la Discriminación contra las Mujeres de la ONU (CEDAW, en las siglas en inglés), el 20% de las mujeres víctimas mortales de violencia machista han sido mujeres con discapacidad, bien porque ya la tenían con anterioridad o bien porque la han desarrollado por los actos de violencia. Hay que exigir el cumplimiento de todas las medidas previstas tanto en el Pacto de Estado contra la Violencia de Género como en el Pacto Valenciano contra la Violencia de Género y Machista, y en especial las destinadas a mejorar la atención a las mujeres con diversidad funcional que siempre cargan con la doble discriminación: por ser mujeres y por manifestar una discapacidad.

Las violencias contra las personas con diversidad funcional no se limitan a las físicas y psicológicas. También se consideran violencias las desigualdades que sufren en el ámbito laboral, el control de sus economías y bienes por parte de familiares, parejas u otras personas próximas, y en definitiva la carencia de control sobre las propias vidas. Unas violencias que siempre se agudizan en el caso de las mujeres.

Para cerrar este manifiesto del Grupo de Trabajo sobre Discapacidad de la Fundación Isonomia, recordamos un año más el lema que corrobora la diversidad y la igualdad como valores básicos universales innegociables en todos los ámbitos y situaciones: « Todas las personas somos diferentes. Todas las personas somos iguales.»

Manifest en valencià